lunes, 28 de abril de 2008

De planetas y demás habladurías

Gracias a DeAgostini que inventó Planeta, hoy en día sé tanto de Astronomía.

En realidad la afición me viene de pequeña, porque mi hermano quería ser astronauta. Recuerdo que le compraron un telescopio. Y allí nos pusimos los tres, bajo el cielo azul romano, a estudiar el misterioso mundo de las estrellas. Poco después cayó en nuestras manos el cómic de "Mortimer y la cámara de Horus". Entonces mi hermano quiso ser arqueólogo, yo recolectora de animales y mi hermana, hada. Pero ya era demasiado tarde... Así que nos conformamos con el telescopio.

De aquella época aprendí prácticamente todo lo que sé. Que es mucho. Y como el tema lo domino, he decidido hacer un monográfico sobre planetas. Me va a salir bien, no tengo ninguna duda. Además, como dice un famoso proverbio griego, "El que nada duda, nada sabe". Qué alegría. Me siento tan ensimismada con el proverbio...

Empezaré con Mercurio, que es el más altruista. Mercurio es el planeta de los fastidiados. En este planeta es donde se fabrican los termómetros. Lo que pasa es que ahora hay termómetros en forma de pistola. Te los ponen en la frente y rápidamente se sabe si tienes fiebre o no. No sé de qué planeta vendrán, pero son horribles. El otro día fui a secretaría porque me encontraba fatal, me dieron un pistoletazo y resultó que tenía 36 y medio. ¡Es que ya no se puede ni mentir! Total que me quedé en el cole. Aprovecho para reivindicar desde aquí los termómetros de Mercurio. Hay que restablecer el comercio exterior con este planeta. Es más saludable...

Venus es el planeta más accidentado. No me refiero a accidentes de coches... Que yo sepa... Pero sí es el más montañoso. De ahí el famoso Monte de Venus, conocido en todo el mundo... Después vienen los planetas de entre semana. Marte, Miércole, Jueve y Vierne. Al lunes no le pusieron ni un planeta por ser el peor día. Me alegro. Como mucho le pusieron un satélite, La Luna, que no tiene categoría de planeta por ser demasiado inconsistente. ¡Es que con tantos agujeros...!

Uraño es el séptimo planeta. Éste va dedicado a todos los huraños y avaros del mundo. Pero como antiguamente la H era muda, se la ahorraron también. Hay que ver... Es tan tacaño este planeta, que tiene 27 satélite y no es capaz de compartir ninguno. ¡Y eso que la Tierra sólo tiene uno! ¡Pues ni así! Yo creo que, si sigue en este plan, Uraño no va a llegar muy lejos...

El benjamín de los planetas es Putón. Es donde más marcha hay. Por eso es el planeta de los fines de semana. Y allí van a parar todos los extraterrestres de la galaxia. Porque en Putón les da igual el Sistema. Sea Solar o no. Les da lo mismo. Será por eso que se le considera un planeta enano. Por lo que disfruta la gente allí... En otra vida quiero nacer en Putón. A ver si lo logro.

Y por último tenemos el planeta Tierra. Llamado así por la cantidad de agua que hay en él. El planeta Tierra es donde vivo yo. Por ahora... No es ni grande ni pequeño, ni redondo ni cuadrado, ni blanco ni negro. Es azul. Y tiene aire. Lo que no sé es hasta cuándo...


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lunes, 21 de abril de 2008

Y con esto y un bizcocho...

Y hete aquí que en mi breve blogohistoria me llega un nuevo meme por hacer. Me lo manda Nanny Ogg en un arranque de generosidad. Es un meme delicioso y muy sencillo. Tengo que escribir ocho cosas que quiero hacer antes de morir... Total...

Gracias a mi pensamiento claro y profuso no he tenido dudas a la hora de elegir mis deseos. Los voy a enumerar por orden de ocurrencia. Pero todos, absolutamente todos, son de vital importancia para mí. Y es por eso que, antes de sucumbir, intentaré cumplir con otros y cada uno de ellos.

1) Una de las cosas que quiero hacer sin falta, antes de pasar a mejor vida, es ir de la Ceca a la Meca. Tiene que ser fantástico eso de viajar así por el mundo. Irse por los cerros de Úbeda, estar entre Pinto y Valdemoro... Y como no, antes de partir para siempre, también quiero estar en la luna de Valencia. ¡Me han hablado tan bien de ese sitio...! Con estos viajecitos me daría por satisfecha.

2) Otra cosa que me encantaría, antes de mi decapitación, es tener muchas ínfulas. Bueno, con una me basta... Pero que sea desierta. Que en las Ínfulas Canarias con tanto turismo no hay quien salga. Una ínfula sólo para mí... Lo malo es que tendría que escribir otro meme con las tres cosas que me llevaría a una ínfula desierta...

3) Si hay algo que no puedo dejar de hacer, antes de mi defenestración, es tirar la casa por la ventana. Eso de renovar los muebles de vez en cuando está muy bien. Pero no sé si me va a caber todo por las tres ventanas que dan a la calle. Porque desde luego no voy a tirar la casa por las dos ventanas del patio... Es que la vecina del bajo, el piso..., es muy marimandona. Y a lo mejor no le hace gracia.

4) En cuanto a mi vestuario, algún día tendré que meterme en camisa de once varas. ¡Porque sí! ¡Porque me gustan las rayas! Y además, siempre están de moda. ¡Espero no expirar antes de cumplir este deseo!

5) Otra cosa muy importante que hay que hacer, antes de fenecer, es dar la nota. Una cualquiera. El Do, el Re, el Pi. A ver qué pasa... Hay que ser generoso en la vida. E intentar desprenderse de las cosas materiales. Aunque sean obras de arte. Y una vez que das la nota, hasta puedes cantar las cuarenta sin desafinar. Es un consejo...

6) Tengo muy claro que, antes de mi desaparición, quiero quedarme para vestir santos. Es una costumbre que siempre me ha llamado la atención. Y tendré que aprender a vestir un santo algún día... Pero es que cuando era pequeña nunca me dejaban quedar. A ver si ahora que soy mayor... Aunque muchos santos no conozco.

7) Tener derecho de pernada es un derecho inalienable. Me encanta la pernada de Jabugo. Así que, desde ahora y antes de que sea demasiado tarde, voy a ejercer mi derecho. Cada Navidad exigiré mi pernada a quien corresponda. Y si es de bellota, mejor. En el arte culinario también hay algo que quiero hacer sin falta antes de mi óbito. Morder el polvo. Nunca lo he probado, pero tiene que ser delicioso. ¡Lo he oído tantas veces... ¡ ¡Y mira que a mi edad y no probarlo...!

8) Y por último, antes de alcanzar la paz eterna, quiero dormirme en los laureles. Tiene que ser una experiencia lamentable. ¡Y con lo bien que huelen...! Tengo planeado hacerlo un verano de éstos. Porque en invierno puede que haga mucho frío allá arriba... Lo que pasa es que tendré que buscar un laurel bien grande. Para que me quepa la almohada...

Y así, sin más, qué feliz sería pudiendo ir de la Ceca a la Meca, teniendo muchas ínfulas, tirando la casa por la ventana, metiéndome en camisa de once varas, dando la nota, quedándome para vestir santos, teniendo derecho de pernada y durmiéndome en los laureles... El tiempo que me queda lo dedicaré a alimentar mi espíritu con todos estos quehaceres.

Lo que no voy a hacer nunca es ser moco de pavo. Porque me da un poco de asco... Y además, estoy harta de la gripe.

martes, 15 de abril de 2008

No hay mal que por bien no venga

Aun recuerdo la noche que conocí a Peter. Y por mucho que cierre los ojos, no consigo olvidarla.

Llevaba mucho tiempo sin salir. Esto de hacer de padre y madre era fantástico. El fin de semana que le tocaba a la madre, me la quedaba yo. Pero el fin de semana que le tocaba al padre, me la quedaba yo. ¡Y sin peleas! Hay que ver qué civismo... Y es que como padre siempre fui muy puntual. No fallé ni una vez. Pero los fines de semana se me hacían más cortos. Como madre no me acuerdo. Supongo que lo hice como supe. Aunque en una época tuve serios problemas de identidad...Pero aquel día fue distinto. No sé por qué razón tenía la noche libre. No era ni padre, ni madre. Era yo. ¡Y había quedado con mis amigas para cenar! No me lo podía creer. ¡Yo! ¡En la calle! ¡Un sábado! ¡Después de las nueve! Qué suerte la mía. Estaba tan contenta que esa mañana, bajando la escalera, me encontré a una señora con bata azul y le grité: ¡Esta noche voy a salir! Se me quedó mirando un rato largo, cogió el cubo y la fregona y se fue a otra esquina. No sé, a lo mejor no me oyó bien. O se quedó sin palabras de tanta admiración... O de envidia... Quién sabe...

Lo cierto es que esa noche salí. Qué barbaridad. ¡La calle estaba llena de gente! ¿Pero es que no tenían tele? ¡Si no cabíamos todos en la acera! Después de cenar decidimos tomar un par de copas. Llegamos a duras penas a un bar muy céntrico de La Laguna. ¡El Kíkere! Era un antro estupendo. Tenía pocos metros cuadrados. Aunque yo no vi ninguno de tanta gente que había... Todo el mundo se pisaba. Pero sonreían. ¡Qué ambiente! Y la música no era clásica.

Entré tímidamente. Mirando al suelo. Por si acaso... Y como pude, me acomodé en la pared. Intenté hablar pero no me oí. Así que me dediqué a observar. Y allí, entre tanta gente, estaba él. El hombre más misterioso e intrigante que había visto en mucho tiempo. ¡Y estaba solo! Fue un hachazo a primera vista. Ese hombre tenía que ser mío. Un halo luminoso emanaba de su persona, atrayéndome inevitablemente. Me quedé totalmente alumbrada y sin pensarlo dos veces, puse en marcha mi más efectivo plan de seducción: ¡pasear! Con un par de paseillos caería rendido a mis pies. O a mis pedúnculos, porque no había sitio en el suelo...

Pasé unas cincuenta veces por delante del chico. De frente, de perfil, de puntillas, con una mano, con las dos, con los ojos abiertos, cerrados, con cerveza, sin cerveza, despistada, atenta, sonriente, de mal humor, empujada, empujando. Pero no hubo manera. El muchacho no me miró. Estupefacta y herida en lo más profundo de mi vanidad, decidí ir al baño. Total... Sería mi último paseo. Mi último tango en el Kíkere. Y hacia allí me dirigí. Pasando una vez más ante ese espécimen de hielo, tan hermoso como inocuo. Tan repelente como insulso. Tan ciego como borracho. ¡No había otra explicación...!

Las puertas del baño, tipo saloon, se abrieron de par en par. Un mujerona de dos metros salía en ese momento. Y allí estaba yo, pequeña, insignificante, ignorada... con un ojo puesto en el chico y el otro en la valquiria. Desestimé las puertas, que tras el brutal empujón giraron sobre sí mismas y volvieron a abrirse con toda su potencia. Sólo me dio tiempo de ver un lateral de madera que se dirigía a toda velocidad hacia mi pómulo derecho. Y no supe más. Me alcanzó de lleno en la cara. Yo, al más puro estilo del Far West, grité: Yujuuuuu! Y me tapé la mejilla que empezó a hincharse y a dolerme notablemente.

Aturdida y resignada al más terrible ridículo, me quedé allí en medio, agachada, con la mano en la cara y los ojos llenos de lágrimas. Pero, de repente, una mano se posó en mi hombro y una voz celestial masculló la frase más profunda de la noche: ¿Estás bien? Soy Peter. Pedro para los amigos... Con media cara tapada y la otra media bermellón me di la vuelta muy despacio. Y lo que vi con mi único ojo me gustó...

Del resto de la historia no me acuerdo. Tendré que hacer memoria... Pero aquella noche aprendí a mirar al frente. Y a no fiarme de las puertas. Por muy abiertas que estén...

martes, 8 de abril de 2008

Mi afasia es mía (II)

El Área de Broca es la sección del cerebro humano involucrada en la producción del habla, el procesamiento del lenguaje y la comprensión. Es la pequeña zona verde que se ve en el dibujo. Normalmente se encuentra en el hemisferio izquierdo. Del cerebro... Pues allí, justo allí, se me cruzaron los cables un día.

Después de mi linda operación, entre otras muchas cosas, me quedó algo muy claro. Broca tenía toda la razón. ¡Menos mal que a este señor se le ocurrió instalarse allí! ¡Y menos mal que esa zona era suya y no mía! ¡Porque a lo mejor hasta me hubiera quedado sin mí! Y qué pena me hubiese dado vivir sin vivir en mí...

Pero todo esto ya lo conté en su día. Sólo quedó pendiente describir mis nuevas sensaciones al salir del hospital. Aquel día fue muy especial. Iba a pisar la calle después de un par de meses dentro. Qué alegría. ¡Iba a volver a ver a mi hija! Y a la gente. Pero no sabía lo que me esperaba fuera. ¡En esos meses, el mundo había cambiado...!

Lo noté cuando, toda contenta, fui a pedir mi primer faqué. Un faqué con leche sondencada, como me gustan a mí.
-¡Un faqué por favor!
-¿Qué?
-Un faqué... con leche donquensada...
-Un fa... ¿Qué?
¡Pero por favor! ¿De qué facultad habían salido estos macareros que no sabían lo que era un faqué? Si los canarios son unos faqueteros... ¿cómo no estaban entendiendo lo que les pedía?

¿Pero qué le pasaba a todo el mundo? Me fui directamente a la maca. Necesitaba descansar. Y cuando llegó mi hija la abracé emocionada retipiendo su nombre: ¡Nada, Nada! Nada se ofendió, todavía no sé por qué. Y a partir de entonces su nombre fue gloria en mi boca. Me pasaba el día llamándola. Nada por aquí... Nada por allá... Hasta que se plantó ante mí y dijo: Mamá, ¡que soy Dana!

¡Qué deschafatez! Cambiarse el nombre sin mi permiso. Así que le dije: No he dicho nada, Nada. Y me fui a la maca sin tomar faqué. ¡Pero eso no fue todo! A mi amiga Carne le dio por llamarse Carmen. ¡Tanfástico! ¡Anda que si todos habían hecho lo mismo en mi ausencia...! Pero no. Mi querido Juani se llamaba igual. No entiendo por qué se quedó tan rígido el día que entré en su clase y dulcemente le grité: Tienes la programación en el cojón. No sé en cuál de los dos. Búscala tú...

También me llamó la atención la cara de aquel gasolinero el día que le dije: "¡Dos sin polvo!". Se quedó un rato dando vueltas, sin saber qué hacer. Hasta que, con media sonrisa, se dirigió al surtidor verde. Yo creo que se alegró de que usara gasolina sin polvo. Es lo mejor para el miedo. Y para el ambiente también.

Y así pasaron los años. Broca tenía razón. Mi comprensión había salido un tanto perjudicada con la intervención. No comprendía cómo, en tan poco tiempo, las tenvanas habían pasado a ser ventanas, los efidicios, edificios y los enfuches, enchufes. No me quedó otro meredio que aprender el nuevo idioma. ¡Ramavilloso! Menos mal que soy de letras... Aunque se me resisten dos nombres todavía. Tere Cabrera y Tere Padrón. Cada vez que me las cruzo en el cole las llamo como antes. Tere Padrera y Tere...

Nunca es tarde para aprender. Casi lo he logrado. Ya sé decir café. Pero en casa, cuando estoy sola y no tengo que esforzarme, me asomo a la tenvana, enfucho la tele, me hago un buen faqué y me acuesto en mi maca.